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Quince errores frecuentes en la valoración de empresas
Casi todas las valoraciones que se caen en una negociación o en un procedimiento lo hacen por alguno de estos quince motivos. No son errores de cálculo sofisticados: son omisiones y confusiones básicas que se repiten con una regularidad notable, y todas son evitables.
Errores de concepto
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1. Confundir valor de empresa y valor de las participaciones
El error número uno. Los múltiplos y el descuento de flujos dan enterprise value; lo que se cobra es equity value, después de restar la deuda y hacer el resto del puente. La diferencia puede superar el 40 %.
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2. Aplicar el estándar de valor equivocado
Usar para una herencia una valoración hecha para negociar con un comprador industrial, que incorporaba sus sinergias. Cada finalidad tiene su estándar.
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3. Valorar a la fecha equivocada
En sucesiones, separaciones de socio o procedimientos, la fecha viene impuesta. Un informe perfecto referido a una fecha que no corresponde no sirve.
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4. Usar un solo método
Sin cruce no hay control de calidad: no hay forma de saber si el resultado es razonable.
Errores en la normalización
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5. No normalizar el resultado
Multiplicar el beneficio contable de una pyme sin corregir sueldos de socios, gastos personales y extraordinarios. El resultado no representa lo que la empresa produce.
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6. Normalizar solo en una dirección
El vendedor añade los gastos que desaparecerán y omite los que aparecerán: el sueldo del director que le sustituya, el seguro que no estaba, el convenio bien aplicado.
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7. No imputar el alquiler del local del socio
Y además sumar el inmueble aparte. Es contar el mismo activo dos veces, y es el error más común en pymes patrimonializadas.
Errores en los parámetros
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8. Tasa de descuento de manual
Descontar los flujos de una empresa familiar al 8 %, sin primas por tamaño ni por riesgo específico. En una pyme española las tasas razonables están muy por encima.
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9. Múltiplos de compañías incomparables
Tomar el múltiplo de una cotizada del sector y aplicarlo a una empresa cien veces menor, sin descuento por tamaño ni por iliquidez.
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10. Crecimiento a perpetuidad excesivo
Asumir que la empresa crecerá indefinidamente por encima de la economía. En el valor terminal, dos décimas mueven el resultado más de lo que parece.
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11. Contar el mismo riesgo dos veces
Recortar las proyecciones por la concentración de clientes y además cargarla en la prima de riesgo específico.
Errores en el puente y en los ajustes
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12. Olvidar la deuda que no lo parece
Préstamos de socios, aplazamientos con la Administración, leasing, avales, dividendos acordados y no pagados. Todo eso es deuda y se resta.
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13. Ignorar el circulante
Un circulante muy por debajo o por encima de su nivel normal ajusta el precio, y en negocios estacionales el efecto es de gran magnitud.
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14. No aplicar descuentos a una participación minoritaria
Valorar el 20 % como el 20 % del total, ignorando que no controla, no cobra dividendo y no puede vender.
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15. Dar una cifra exacta
El valor de una empresa no cotizada es un rango. Un número con decimales finge una precisión que no existe y resta credibilidad a todo el informe.
Sobre los errores de valoración
¿Cómo sé si la valoración que me han entregado está bien hecha?
Con cuatro comprobaciones rápidas. Primera: ¿distingue entre valor de empresa y valor de las participaciones y muestra el puente? Segunda: ¿hay una tabla de normalización con una línea por ajuste? Tercera: ¿la tasa de descuento o el múltiplo están construidos y con fuentes, o simplemente afirmados? Y cuarta: ¿da un rango con análisis de sensibilidad o una cifra única? Si falla en dos o más, conviene una segunda opinión.
¿Son errores o son sesgos interesados?
De todo. Algunos son genuinamente errores técnicos, especialmente en valoraciones internas hechas sin experiencia. Otros son sesgos que empujan siempre en la misma dirección: los del vendedor suben el valor y los del comprador lo bajan. La forma de distinguirlos es sencilla: un error se corrige en cuanto se señala; un sesgo se defiende. Y en cualquier caso, el remedio es el mismo: pedir la justificación de cada hipótesis.
¿Cuál es el error más caro?
Depende de la situación, pero en términos absolutos suele ser la confusión entre valor de empresa y precio de las participaciones, porque afecta a toda la cifra y no a un componente. Un empresario convencido de que su empresa vale cuatro millones porque ha aplicado un múltiplo al EBITDA, y que descubre en la negociación que le ofrecen dos y medio, no está ante un comprador abusivo: está ante la deuda que nunca restó.
¿Se pueden corregir estos errores una vez hecha la valoración?
Casi todos sí, y con relativa rapidez, porque el trabajo de análisis del negocio ya está hecho. Lo que no se corrige es haber usado la valoración errónea para tomar una decisión irreversible: firmar una carta de intenciones con un precio mal calculado, presentar una autoliquidación o cerrar una operación. Por eso conviene revisar el informe antes de usarlo, no después.
¿Necesita saber cuánto vale su empresa?
Cuéntenos para qué necesita la valoración —vender, comprar, repartir una herencia, entrar o salir de una sociedad, ampliar capital o defender un valor ante Hacienda— y le diremos qué tipo de informe le sirve, qué información hace falta, en cuánto tiempo lo tiene y con qué honorarios cerrados.