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Prima de riesgo, beta y primas adicionales
Son los ladrillos con los que se construye el coste de los fondos propios. Ninguno es un dato objetivo que se consulte en una pantalla: todos son estimaciones que hay que elegir, justificar y fechar. Saber de dónde salen es lo que separa una tasa defendible de un número puesto a ojo.
El modelo de partida
El tipo sin riesgo
Se toma la rentabilidad del bono soberano español a diez años en la fecha de valoración, por coherencia con la moneda y el horizonte de los flujos. Dos precisiones que suelen omitirse: hay que indicar la fecha exacta, porque el dato se mueve, y no debe usarse una media histórica larga si los flujos se han proyectado en términos nominales actuales.
La prima de riesgo de mercado
Es la rentabilidad adicional que un inversor exige por invertir en renta variable en lugar de en deuda soberana. No se observa: se estima, y existen tres enfoques —histórico, implícito y encuestas a académicos y profesionales—, que dan resultados distintos.
En la práctica española, las referencias más citadas en informes profesionales sitúan la prima en el entorno de un dígito medio, habitualmente entre el 5 % y el 7 %. Lo importante en un informe no es el número elegido dentro de ese rango, sino citar la fuente concreta y su año, porque es el único modo de que la elección sea revisable.
La beta
Mide la sensibilidad del negocio al ciclo económico. Una empresa cuyo resultado se hunde cuando la economía se enfría tiene beta alta; una con demanda estable —alimentación básica, servicios sanitarios, suministros— la tiene baja.
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Se toma la beta de cotizadas comparables
De un conjunto de compañías del sector, calculada frente a un índice representativo y en un período coherente con la fecha de valoración.
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Se desapalanca
Se elimina el efecto del endeudamiento de esas compañías para aislar el riesgo puramente operativo del negocio.
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Se reapalanca
Se aplica la estructura de capital objetivo de la empresa valorada. Una sociedad más endeudada que sus comparables tendrá beta reapalancada superior.
En pymes, la beta rara vez es el componente decisivo: pesan mucho más la prima por tamaño y la específica. Con todo, conviene calcularla bien porque es un punto que se revisa.
La prima por tamaño
Recoge la evidencia de que las empresas pequeñas han ofrecido históricamente rentabilidades superiores, precisamente porque son más arriesgadas: menor diversificación, acceso más caro a la financiación, mayor sensibilidad a la pérdida de un cliente o de una persona clave. Se cuantifica con estudios de rentabilidad por deciles de tamaño y, en empresas muy pequeñas, puede añadir varios puntos al coste de los fondos propios.
La prima por riesgo específico
Es la corrección final por lo que hace singular a esta empresa concreta. Su credibilidad depende por completo de que se descomponga en factores identificados y valorados, no de un número global. Un formato que funciona bien en informes destinados a ser discutidos:
| Factor | Situación de la empresa | Puntos |
|---|---|---|
| Concentración de clientes | El primer cliente supone el 34 % de las ventas | +1,5 |
| Dependencia del socio | Dirige comercial y operaciones, sin sustituto identificado | +1,5 |
| Calidad de la información | Contabilidad no auditada, sin información de gestión mensual | +0,5 |
| Diversificación de proveedores | Dos proveedores alternativos disponibles | 0,0 |
| Estabilidad de la demanda | Sector con contratación recurrente | −0,5 |
| Prima específica total | +3,0 |
Ejemplo de formato. Los puntos asignados a cada factor son necesariamente un juicio profesional; lo que hace defendible el conjunto es que ese juicio esté desagregado, motivado y sea discutible factor por factor en lugar de encerrado en una cifra global.
Sobre los parámetros de riesgo
¿Dónde se consulta la beta de un sector?
En bases de datos financieras profesionales y en recopilaciones académicas de betas sectoriales que se publican periódicamente y que son de uso extendido en la práctica valorativa. Lo relevante es indicar en el informe la fuente concreta, la fecha de los datos, el mercado de referencia y el conjunto de compañías empleado, porque una beta sin esos cuatro elementos es un número sin trazabilidad.
¿Tiene sentido usar beta en una empresa que no cotiza?
Es una aproximación, y hay que reconocerlo como tal. La beta mide la correlación con el mercado bursátil, algo que no existe en una sociedad cerrada. Lo que se hace es usar la beta sectorial como indicador del riesgo operativo del tipo de negocio, y trasladar todo lo que es propio de la empresa concreta a las primas por tamaño y específica. Es un modelo imperfecto, pero es el estándar profesional y su lógica es explicable ante un tercero, que es lo que se necesita.
¿La prima de riesgo país se añade en España?
No como partida separada cuando el tipo sin riesgo es ya el bono soberano español, porque ese bono incorpora el diferencial frente a otros emisores de la eurozona. Añadir además una prima país supondría contar el mismo riesgo dos veces. La situación es distinta si se valora una empresa española con actividad relevante en países con riesgo soberano superior: en ese caso sí procede una prima adicional por la exposición a esos mercados, justificada y cuantificada.
¿Cuánto puede llegar a valer la prima específica?
En empresas muy pequeñas y muy dependientes de una persona, puede alcanzar cinco puntos o más, lo que en términos de múltiplo equivale a rebajarlo en una o dos veces EBITDA. No es un castigo arbitrario: es la traducción numérica de que el comprador está adquiriendo un negocio cuya continuidad no está asegurada. La buena noticia es que es el componente sobre el que más puede actuar el vendedor antes de vender, como se explica en dependencia del socio.
¿Necesita saber cuánto vale su empresa?
Cuéntenos para qué necesita la valoración —vender, comprar, repartir una herencia, entrar o salir de una sociedad, ampliar capital o defender un valor ante Hacienda— y le diremos qué tipo de informe le sirve, qué información hace falta, en cuánto tiempo lo tiene y con qué honorarios cerrados.